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martes, enero 26, 2010

SILENCIO POR FAVOR

Silencio, por favor.

Cansado vengo de trabajar. He dejado de cargar ladrillos hace una media hora y ahora es cuando empieza a dolerme la espalda, ahora sí, cuando mi cuerpo se enfría. Pero no me importa demasiado que me encuentre un poco mal, ni que vaya a picar cuatro cosas para cenar rápido. Hoy, quiero acudir a la cita.
Me encanta esta fecha, porque cuando llega febrero puedo ver las agrupaciones actuar en los diversos lugares, ya sean pubs, escenarios al aire libre o incluso en el teatro. Qué se le va a hacer, me apasiona el carnaval. Cierto es que las agrupaciones locales no son demasiado buenas, pero me gusta reírme un rato con las elucubraciones de cuatro locos del carnaval. Meses de ensayo para darlo todo por el un público, más o menos entendido, que hacen feliz a los componentes, simplemente con una carcajada.
Yo, que he vivido de cerca la composición de letras, dirección, y de más arreglos musicales que conlleva esta forma de ver el carnaval, juntar un grupo de gente con ganas de pasarlo bien, usar el sentido crítico de sus letras para que, desde una posición privilegiada, puedan cambiar su trocito de vida para intentar mejorarla un poco me doy cuenta de la cantidad desmesurada de trabajo que requiere.. Me encanta ver como cada año el dios Momo inspira a los compositores, como los músicos sacan melodías para los pasodobles, esas paradas de una comparsa que te cortan la respiración cuando te identificas con una letra y, por qué no, cómo te ríes con un cuplé gracioso.
Últimamente he estado viendo a todos las chirigotas leperas, y me sale una sonrisilla al ver que este año hay hasta nueve agrupaciones. Se nota que en años pasados se ha hecho un gran esfuerzo por promover esta bonita fiesta del calendario. El día que vea a esta gente por la calle, le daré las gracias personalmente.
Llegó la hora. El pub en el que actúan las agrupaciones estaba a rebosar de gente, que el carnaval (ayudado por el tuenti) había llevado hasta allí de la mano. La gente hablaba de cuál le parecía mejor, cuál era más graciosa, qué tipo era más acertado y un sinfín de temas que daban la sensación de que el carnaval llegaba a la gente.
¡Subió al escenario la primera agrupación! Un ligero cosquilleo se paseaba por mi estómago. Me pedía una cerveza mientras se escuchaba en la sala “¡Buenas noches! Gracias por estar hoy aquí. Hemos estado preparando el repertorio de la agrupación durante bastante tiempo y sólo esperamos que os guste y os riáis un rato con nosotros. También os trasmito la gratitud del dueño del pub que se le ve en la cara que está haciendo el agosto en febrero (entre risas). ¡Vamos al lío!”
La agrupación permanecía inmóvil hasta que el silencio se apoderara de la sala. Pasaba el minuto y ese silencio no llegaba. Los que permanecían callados miraban con indignación a los que charlaban tan panchamente. El gesto en los rostros de los componentes era todo un poema. Pasaba por la cabeza de más de uno, ¿cómo puede ser que después de tanto trabajo, no puedan bajar la voz y dejar escuchar a los demás? Pues está claro que si están hablando, es que no les interesa lo que la agrupación tiene que contar.
El director de la agrupación alzó su voz de nuevo para pedir reiteradamente silencio para poder comenzar, pero parece que sus frases no surtían ningún efecto. Después del rato, no tuvieron alternativa y comenzaron a interpretar su repertorio con el consecuente desgano que produce la ignorancia hacia la agrupación el que no se callen cuando se debe.
La actuación estuvo mejor de lo que esperaba. La verdad es que muchas letras no las pude entender bien, pues el jaleo que había en el pub con tanta gente charlando de sus cosas, no me dejaba entender correctamente lo que decían.
Después del riguroso y merecido aplauso tras el popurrí, se escuchaban en la puerta algunas opiniones de los asistentes. Muchas coincidían en lo desagradable del ambiente ruidoso que había de fondo en el pub, pues no permitía escuchar aceptablemente a la agrupación. A las personas que estaban a unos metros retirados de la primera línea del escenario les era prácticamente imposible. Algunos mencionaban que era una falta de respeto hacia la agrupación el no guardar silencio cuando se iba a cantar, y más aún cuando se había pedido expresamente silencio desde el escenario. Otros contaban anécdotas sucedidas como por ejemplo pedir que si podían bajar la voz para que ese gesto permitiera escuchar las coplillas obteniendo como contestación un informal “a mí no me gusta esto, yo he venido a tomarme un copa”. Alguno se quejaba de la falta de consideración de los demás. Cada persona que estaba allí podía tener muchos inconvenientes para poder asistir y haber cambiado parte de su agenda para poder escuchar algo de carnaval, como pueden ser quedadas con los amigos, cenas, o algún motivo que no viene al caso. Bueno, había de todo un poco, hasta un “callaos, cabrones” de algún dignificado del alboroto de los clientes.
Si quiero que sirvan de algo estas líneas, como aficionado al carnaval, es para hacer una pequeña propuesta a las agrupaciones; y es educar, en cierto modo, a la gente que va a ver las agrupaciones. Nunca puedes quitar de allí a la gente que no le gusta el carnaval, pues es probable que alguno esté allí, nada más que porque le apetece tomar una copa o haya ido porque va la gente. Además es un sitio público y de llevar toda su razón. Lo que sí es verdad es que los charlatanes de los pubs, nunca se ponen en el lugar de los demás ni entienden que tengas ilusión por escuchar la música que trae este año la agrupación. Yo me puedo poner en su lugar y no limitar su derecho a que se tome una copa dialogando con su amigo, pero sinceramente, es vergonzoso para los que quieren escuchar cómo existe tan poco interés por las actitudes de los demás.
Como no podemos tener una varita mágica para producir mutismo en la gente, propongo alargar ese momento de inmovilidad antes de comenzar cualquier copla hasta que haya silencio absoluto en el local. Vale, es arriesgado, pues puede jugar en contra para las agrupaciones. Quiero que pienses querido lector carnavalesco, que si se hace una vez, en la siguiente letrilla, todo el mundo guardará silencio automáticamente. Por eso hablo de educar, te lo explico una vez y lo puedes hacer más veces.
Se despide este humilde albañil carnavalesco, dolido de su espalda, al que no le importa encontrarse un poco mal, ni picar cuatros cosas rápidas para cenar y veros actuar.

FDO: Un historia con dosis de imaginación por un carnavalero cualquiera

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